Rubén Blades, ausencia, ambición y pretensión política.
- TERKOS

- Feb 9, 2022
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Nací y crecí con las canciones de Rubén Blades, me traen buenos recuerdos del barrio, de la vida estudiantil, de la crítica social y política latinoamericana del momento contra el imperialismo yanqui, la plasticidad de una clase social y los regímenes totalitarios militares, que animaban la construcción de una conciencia colectiva. Lo que no advertí, tempranamente, fue el oportunismo y mimetismo de su lírica ante los procesos de liberación y transformación que vivía la región. Parecía que nuestro querido Rubén, no buscaba guayabas sino que alentaba un proyecto político, que iba más allá de poner a la gente a cantar y a bailar.

Con el tiempo, su desarticulación y ausentismo en el movimiento social sólo reveló canciones sin compromiso más allá que la mercantilización de anhelos, visiones y reivindicaciones de las más común de la gente. Muy recientemente él mismo, habló despectivamente de quienes se quedaron en sus canciones de la época que lo proyectaron hasta ser el reconocido cantante de salsa de hoy día. Su lírica y soneo perdieron sentido sin perder contenido, pues todo el mundo sigue cantando de un Pablo Pueblo que se ha multiplicado sin que ello signifique más conciencia, organización y movilización por el solo hecho de cantar sus canciones. Su actuación y pretensión de caudillo, atrajo a jóvenes e intelectuales con algo de sensibilidad a un tardío proyecto político que fracasó precisamente por su ausencia en los barrios y los campos donde solo llegó el eco de sus canciones desde las emisoras que lo hicieron más famoso aún. Sus composiciones aún hoy son descripciones en prosa, que captan lo cotidiano en una aparente crítica que engaña al más mínimo atolondrado por la realidad descrita. Sus canciones te inspiran hasta llevarte al resquicio desde donde caes al profundo abismo de la nada, donde sólo encuentran letras, notas musicales y percusión que cada vez más, se alejan de la realidad de los hijos de los gritos y las calles, de la miseria y el hambre, para entrar en un exquisito y muy apreciado arte musical, dirigido a un mercado elitista, propenso a pagar un alto costo por ello. En este caso si se calla el cantor no pasa nada, pues nunca arengó ni se comprometió con nada ni nadie, sino ha sido un histórico histriónico, que piensa que porque vivió en el barrio, estudió en Harvard y escribe bien, es neutral y tiene a la razón de su lado. Su arrogancia esconde un oportunismo, engañoso, que aparece cada cinco años a pegar las viejas papeletas que prometen futuro en lides politiqueras. Su ambición política, lo llevó a convertirse en un burócrata más al servicio del partido de los militares que crítico en su juventud. Creo que pensó y sigue pensando, que tal como en los cuentos recopilados por los Hermanos Grimm, los panameños somos los ratones que van detrás del Flautista de Hamelin.



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