POR UNA VIDA DIGNA PARA TODOS
- TERKOS

- Oct 31, 2023
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Updated: Nov 6, 2023
Acudí hace unos días a la Policlínica Carlos N. Brin de la Caja de Seguro Social, con una cita para realizarme un estudio denominado “electrocardiograma””, por referencia de una doctora de Medicina General de quién sabe cuántos años, que, aparentemente, sigue fiel al juramento hipocrático de los médicos del sistema de salud. Atiende a una gran cantidad de pacientes.
Bueno, acudí a realizarme el estudio (cuyo resultado debo buscar después, según se me indicó); la cita la había logrado por medio del sitio de internet de la CSS, para las 8:00 de la mañana. Como siempre es difícil encontrar estacionamientos, decidí ir más temprano, llegando, tal vez a las 6:00 de la mañana. Una señora, obesa a los ojos desconocedores, vestida de blanco, nos atendió después de haber pasado por otra de uniforme institucional, quien indicaba que había que ubicarse después del último. Cerca de las 7:00 a.m. la señora vestida de blanco, aparentemente Asistente del área de citas de varios procedimientos y atenciones de especialistas (ubicada al lado derecho final de la planta baja de la policlínica en cuestión), administrando lo que parecía su cuotita de poder, indicaba con voz fuerte dónde debían sentarse los pacientes que acudían a cada trámite del área que señalaba la lista que mantenía en sus manos. La atención sería dada por orden de llegada, no necesariamente a la hora indicada en el correo recibido por el sitio de internet de la CSS.
La técnica del estudio en mención había llegado a su cubículo (No. 42, creo) y cerca de 15 personas/pacientes estábamos sentaditos donde se nos había indicado y, a medida que entraba un paciente al cubículo, la Asistente advertía, con voz fuerte, ¡¡¡“moverse al sitio desocupado”!!! Cada 15 minutos aproximadamente, había que seguir la instrucción disciplinadamente, hasta entrar al cubículo y salir.
Se cumplió con la atención de una joven técnica de apariencia y actitud cálidas, amable en su forma de tratar. Se despidió y, según indicó, había que esperar que los resultados serían entregados en las oficinas de la Dirección Médica de la Policlínica, a partir de diez días después de realizado el procedimiento.
Días después, acudí como acompañante de un paciente a un hospital privado. No pude dejar de preguntarme: ¿Por qué no se puede actuar igual que en estos sitios?
El personal administrativo de este hospital privado, de apoyo, regularmente, acude a una sala de espera especial para los acompañantes de los pacientes, a informar y avisar que el especialista que atiende al paciente saldrá, a informar sobre el procedimiento aplicado, en otra salita especial, privada. Efectivamente, eso ocurrió; el especialista informó, amablemente acerca de lo aplicado, observado, con copias del informe escrito y de las imágenes del tratamiento brindado al paciente en otra sala especial. ¿Comparo? Por supuesto.
Salud pública, de calidad, gratuita, es lo que todos merecemos. Por una vida digna para todos.
11 de septiembre, 2023.
En el Centro de Salud de un pueblo grande del interior, cabecera de distrito.
Dos niños de aproximadamente 5 y 10 años de edad, acompañados por una señora de tal vez 45- o más de 50 años, con uniforme/camisa que lleva la inscripción de Aldeas Infantiles SOS. Los dos niños se dirigen a ella como “Tía”; esperan, como yo, atención de salud general. A uno deben (por lo que escuché) extraerle una pieza dental. Al lado, con un bebé en brazos, una chica tal vez rondando los 20 años, también esperando atención. Estamos aquí desde las 6:25 am aproximadamente; ella, la joven madre, tal vez desde antes. Frente a mí, a un costado, una señora de mi edad pareciera (68 años casi), o tal vez menos, dice “tengo hambre”. Está acompañada por la que parece ser su hija. Seguimos esperando, siendo las 11:00 de la mañana, en medio de llantos e inquietudes, de pequeños y grandes.



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